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Santa Gertrudis la Grande

Patrona de las personas místicas.

Santa Gertrudis la Grande o Santa Gertrudis Magna, fue una monja benedictina que vivió entre los siglos XIII Y XIV, en Alemania.

Es la patrona de las personas místicas por se la primera, de quien se tiene referencias de tener videncias y trato con Dios.

Además, esta santa fue la primera en difundir la devoción al Sagrado Corazón y el culto a San José.

Santa Gertrudis era sobrina de Santa Matilde.

La visión que cambió su vida.

La vida monacal de Santa Gertrudis no tenía nada de extraordinario, hasta que el 27 de enero de 1281, tuvo una experiencia mística, que transformó su vida.

La santa tuvo la oportunidad de ver a Jesucristo adolescente, que le dijo: “No temas, te salvaré, te libraré… Vuélvete a mí y yo te embriagaré con el torrente de mi divino regalo”.​

A partir de esta, que fue su primera experiencia mística, tomó la decisión de dejar sus estudios profanos y de literatura.

A partir de allí se dedicó a los estudios teológicos y tuvo otras experiencias místicas.

La transmisora de las revelaciones.

Santa Gertrudis tuvo otro encuentro con Jesús, que le dijo: “Gertrudis, tú serás mi heraldo”.

Por lo tanto, la santa se dedicó a escribir los mensajes que recibía en las revelaciones, en cinco libros.

La obra fue titulada por Santa Gertrudis “Heraldo de la amorosa bondad de Dios”.

Santa Gertrudis Magna falleció a los 45 años de edad.

Su Fiesta.

La festividad de Santa Gertrudis se celebra cada 16 de noviembre.

Oración enseñada por Jesús a Santa Gertrudis por las almas del purgatorio.

(Con esta oración se podría liberar 1000 almas del purgatorio cada vez que la santa la rezara).

Padre eterno, yo te ofrezco la preciosísima sangre de tu Divino Hijo Jesús, en unión con las Misas celebradas hoy día a través del mundo por todas las benditas ánimas del purgatorio por todos los pecadores del mundo. Por los pecadores en la Iglesia universal, por aquellos en propia casa y dentro de mi familia. Amén.

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Santa Catalina de Siena

Doctora de la Iglesia.

Catalina Benincasa fue una humilde mujer hija de artesanos, que además era analfabeta pero que llegó a ser Doctora de la Iglesia.

Santa Catalina de Siena fue una terciara dominica que asumió un fuerte compromiso de salvar almas.

El ingreso a la Orden Dominica.

Catalina tomó el hábito como terciaria de los dominicos, cuando sólo tenía 18 años y pasaba sus días haciendo ayuno y oración.

Santa Catalina sólo se alimentaba de la Sagrada Eucaristía.

El matrimonio místico.

Su testimonio público.

Luego de tener algunas visiones, Catalina asumió el compromiso de abogar por la paz en Italia y ponerse al servicio de los enfermos.

También recibió los estigmas invisibles, es decir, que sentía el dolor pero las llagas no se podían ver.

La defensora de los Papas.

En aquel tiempo, los papas residían el Avignon, Francia. Santa Catalina fue hasta allí para hablar con Gregorio XI y pedirle que cumpla la promesa hecha a Dios.

La santa sabía de la promesa de regresar a Roma, que había hecho en privado Gregorio XI.

Otra intervención de Santa Catalina, fue con motivo del desconocimiento de algunos cardenales, de la autoridad del Papa Urbano VI.

Esos cardenales pretendían designar a Clemente VII pero Catalina les envió cartas pidiéndoles que reconozcan la autoridad del Papa.

La festividad.

La fiesta de Santa Catalina de Siena se celebra el 29 de abril, la misma fecha en que falleció a loa 33 años.

Fue canonizada en 1461 por el Papa Pío II.

ORACIÓN A SANTA CATALINA DE SIENA.

¡Oh Virtuosa Santa Catalina de Siena! Santa mediadora y conciliadora,

y leal a la autoridad del Papa.

Te ruego que en el cielo intercedas por mí,

para que pueda desarrollar abundantes virtudes evangélicas

y un gran espíritu de servicio al prójimo.

Amén.

Más sobre Santa Catalina de Siena.

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Santa Brígida

Patrona de Suecia y de Europa

Brígida Birgersdotter era parte de una familia aristocrática de Suecia. Nació en 1303 y falleció en 1373.

Aunque no era lo que deseaba, se casó a los quince años y tuvo ocho hijos.

Cuando Santa Brígida enviudó, repartió todos sus bienes a sus herederos y entre los pobres.

Brígida tenía intenciones de fundar una nueva orden religiosa, por eso viajó hasta Roma, para que le aprueben la regla de su orden.

Finalmente, la santa consiguió que el Papa aprobara la regla de la nueva orden, con algunas modificaciones.

La orden religiosa todavía existe y se llama Orden del Santísimo Salvador de Santa Brígida.

Santa Brígida murió luego de realizar un viaje a Tierra Santa, a la edad de 70 años.

Sus experiencias místicas

Santa Brígida tuvo visiones desde niña pero éstas se hicieron más frecuentes, luego de enviudar.

Como gran devota mariana, tuvo visiones de la Virgen María, quien le enseñó el culto de los siete dolores de la Virgen María.

También la Santísima Virgen María le dijo a la santa, que concedía siete gracias, a quienes diariamente le honrasen considerando sus lágrimas y dolores y rezando siete Avemarías.

Además, tuvo una visión de Jesús Crucificado, que la hizo cambiar de vida, dado que el Señor le dijo: Yo en la vida sufrí pobreza, y tú tienes demasiados lujos y comodidades”.

A partir de esta visión, Santa Brígida dejó de usar ropa elegante y comenzó a vestir como una persona pobre.

La festividad

La Iglesia Católica celebra la fiesta de Santa Brígida el 23 de julio.

Figura de Santa Brígida

ORACIÓN A SANTA BRÍGIDA

¡Oh Santa Brígida! Te elevo mi oración para rogar por tu santa intercesión.

Te pido que la recibas y me ayudes a ser una persona de oración, con el corazón siempre elevado al Señor.

Ruega por mí para que sepa aceptar la voluntad de la Divina Providencia.

Amada Santa, no me abandones, guíame para que siempre sepa caminar por el camino de la virtud.

Amén.

Oraciones de Santa Brígida por 12 años

Promesas:

1. El alma que las reza no sufrirá ningún Purgatorio.
2. El alma que las reza será aceptada entre los mártires como si hubiera derramado su propia sangre por la fe.
3 El alma que las reza puede (debe) elegir a otros tres a quienes Jesús mantendrá luego en un estado de gracia suficiente para que se santifiquen. (Escribir los tres nombres (personas vivas) en un papel y guardarlo. Los nombres no se pueden cambiar.)
4. Ninguna de las cuatro generaciones siguientes al alma que las reza se perderá.
5. El alma que las reza será consciente de su muerte un mes antes de que ocurra.

Oración inicial

Oh Jesús, ahora deseo rezar la oración del Señor siete veces junto con el amor con que Tú santificaste esta oración en Tu Corazón.

Tómala de mis labios hasta Tu Sagrado Corazón. Mejórala y complétala para que le brinde tanto honor y felicidad a la Trinidad en la tierra como Tú lo garantizaste con esta oración. Que esta se derrame sobre Tu santa humanidad para la glorificación de Tus dolorosas heridas y la preciosísima Sangre que Tú derramaste de ellas. Amén

1. La circunsición

Rezar un Padre Nuestro, un Avemaría y un Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, Te ofrezco las primeras heridas, los primeros dolores y el primer derrame de Sangre como expiación de los pecados de mi infancia y de toda la humanidad, como protección contra el primer pecado mortal, especialmente entre mis parientes.

2. La agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos

Rezar un Padre Nuestro, un Avemaría y un Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco el intenso sufrimiento del Corazón de Jesús en el Huerto de los Olivos y cada gota de sudor de sangre como expiación de mis pecados del corazón y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el amor divino y fraterno.

3. La flagelación

Rezar un Padre Nuestro, un Avemaría y un Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las muchas miles de heridas, los terribles dolores y la preciosísima sangre de la flagelación como expiación de mis pecados de la carne y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y la preservación de la inocencia, especialmente entre mis parientes.

4. La coronación de espinas

Rezar un Padre Nuestro, un Avemaría y un Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco las heridas, los dolores y la preciosísima sangre de la sagrada cabeza de Jesús luego de la coronación de espinas, como expiación de mis pecados del espíritu y los de toda la humanidad, como protección contra tales pecados y para que se extienda el reino de Cristo aquí en la tierra.

5. Cargando la cruz

Rezar un Padre Nuestro, un Avemaría y un Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco los sufrimientos en el camino a la cruz, especialmente la santa herida en su hombro y la preciosísima sangre como expiación de mi negación de la cruz y la de toda la humanidad, todas mis protestas contra tus planes divinos y todos los demás pecados de palabra, como protección contra tales pecados y para un verdadero amor a la cruz.

6. La crucifixión de Jesús

Rezar un Padre Nuestro, un Avemaría y un Gloria

Padre Eterno, por medio de las manos inmaculadas de María y el Sagrado Corazón de Jesús, te ofrezco a Tu Hijo en la cruz, cuando lo clavaron y lo levantaron, las heridas en sus manos y en sus pies y los tres hilos de la preciosísima sangre que derramó allí por nosotros, las extremas torturas del cuerpo y del alma, su muerte preciosa y su renovación no sangrienta en todas las santas misas de la Tierra, como expiación de todas las heridas contra los votos y normas dentro de las Órdenes, como reparación de mis pecados y los de todo el mundo, por los enfermos y moribundos, por todos los santos sacerdotes y laicos, por las intenciones del Santo Padre por la restauración de las familias cristianas, para el fortalecimiento de la Fe, por nuestro país y por la unión de todas las naciones en Cristo y su Iglesia, así como también por la diáspora.

7. La llaga del costado de Jesús

Rezar un Padre Nuestro, un Avemaría y un Gloria

Padre Eterno, acepta como dignas, por las necesidades de la Santa Iglesia y como expiación de los pecados de toda la humanidad, la preciosísima sangre y el agua que manó de la herida del Sagrado Corazón de Jesús.

Sé misericordioso para con nosotros. ¡Sangre de Cristo, el último contenido precioso de su Sagrado Corazón, lávame de todas mis culpas de pecado y las de los demás! ¡Agua del costado de Cristo; lávame totalmente de las penitencias del pecado y extingue las llamas del Purgatorio para mí y para todas las almas del Purgatorio! Amén.

Oraciones y promesas del Señor Crucificado a Santa Brígida

Las Promesas:

El Crucificado prometió a Santa Brígida las siguientes gracias, con la condición de que ella fuera fiel a la diaria recitación del Oficio Divino. Y se garantizaban también a todo aquel que diga las oraciones devotamente cada día por el espacio de un año, las siguientes promesas:

1.- Cualquiera que recite estas oraciones, obtendrá el grado máximo de perfección.
2.- Quince días antes de su muerte, tendrá un conocimiento perfecto de todos sus pecados y una contrición profunda de ellos.
3.- Quince días antes de su muerte le daré mi precioso cuerpo a fin de que escape del hambre eterna; le daré a beber de mi preciosa sangre para que no permanezca sediento eternamente.
4.- Libraré del purgatorio a 15 miembros de su familia (algunas pueden ser del pasado, otras del presente y también del futuro)
5.- Quince miembros de su familia serán confirmados y preservados en gracia. (lo mismo)
6.- Quince miembros de su familia se convertirán. (lo mismo)
7.- Cualquiera que haya vivido en estado de pecado mortal por 30 años, pero si recita o tiene la intención de recitar estas oraciones devotamente, Yo, el Señor le perdonaré todos sus pecados.
8.- Si ha vivido haciendo su propia voluntad durante toda su vida y está por morir (sin que la persona tenga el conocimiento que está por morir próximamente), prolongaré su existencia para que se confiese bien (confesión de vida)
9.- Obtendrá todo lo que pida a Dios y a la Santísima Virgen.
10.- En cualquier parte donde esté diciendo las oraciones, o donde se digan, Dios estará presente con su gracia.
11.- Todo aquel que enseñe estas oraciones a los demás, ganará incalculables méritos y su gloria será mayor en el cielo.
12.- Por cada vez que se reciten estas oraciones, se ganarán 100 días de indulgencia.
13.- Será liberado de la muerte eterna. (no se condenará)
14.- Goza de la promesa de que será contado entre los bienaventurados del cielo.
15.- Lo defenderé contra las tentaciones del mal.
16.- Preservaré y guardaré sus cinco sentidos.
17.- Lo preservaré de una muerte repentina.
18.- Yo colocaré mi cruz victoriosa ante él para que venza a sus enemigos. (Satanás y sus huestes)
19.- Antes de su muerte vendré con mi amada Madre, la Santísima Virgen Inmaculada.
20.- Lo recibiré muy complacido y lo conduciré a los gozos eternos. Y habiéndolo llevado allí, le daré de beber de la fuente de mi divinidad ; cosa que no haré con los que no hayan recitado Mis oraciones.
21.- Se le asegura que será colocado junto al Supremo Coro de los Santo Ángeles.

Oraciones:

Se comienza invocando al Espíritu Santo.

Ven Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego eterno de tu amor. Envía Señor tu Espíritu y todo será creado y se renovará la faz de la tierra.

Oración:

Oh Dios, que instruiste los corazones de tus fieles con la luz de tu Espíritu Santo, concédenos que animados y guiados por este mismo Espíritu, aprendamos a obrar rectamente siempre y gocemos de la dulzura del bien de sus divinos consuelos. Por Cristo nuestro Señor. Así sea.

Un Credo al Sagrado Corazón de Jesús, haciendo un acto de Fe.

Primera Oración

¡Oh Jesús mío! ¡Oh eterna dulzura para los que te amamos! ¡Oh gozo supremo que supera todo gozo y deseo! ¡Oh salvación y esperanza nuestra! Infinitas pruebas nos has dado de que tu mayor deseo es estar siempre con nosotros; y fue este sublime deseo, ¡Oh bendito amor!

El que te llevó a asumir la naturaleza humana. ¡Oh Verbo Encarnado!, recuerda aquella Santa Pasión que abrazaste por nosotros, para cumplir con el divino plan de reconciliación de Dios con su criatura. Recuerda Señor tu última cena, cuando rodeado de tus discípulos, y después de haberles lavado los pies, les diste tu precioso cuerpo y sangre. Recuerda también cuando tuviste que consolarlos al anunciarles tu ya próxima Pasión.

Fue en el huerto de los Olivos, ¡Oh Señor!, donde se escenificaron los peores momentos de tu Sagrada Pasión: porque fuiste invadido por la más infinita de las tristezas y por la más dolorosa de las amarguras, y que te llevaron a exclamar todo lleno de horror y de angustia: ”

¡Mi alma está triste hasta la muerte!”… Tres horas duró tu agonía en aquel jardín; y todo el miedo, angustia y dolor que padeciste allí, ¡fueron tan grandes!, que te causó sudar sangre copiosamente. Aquello escapaba a toda descripción, hasta tal punto que sufriste más allí que en el resto de tu Pasión, porque ante tus divinos ojos desfilaron aquellas terribles visiones de los pecados que se cometieron desde Adán y Eva hasta aquellos mismos instantes, y los pecados que se estaban cometiendo en aquellos momentos por toda la faz de la tierra, y los que se cometerían en el futuro, ¡siglos enteros!, ¡hasta la consumación de los tiempos!

Pero, ¡Oh amor que todo lo vence! A pesar de tu temor humano, así contestaste a tu Padre: “¡No se haga mi voluntad, sino la tuya!” E inmediatamente, tu Padre envió aquel precioso Ángel para confortarte… Tres veces oraste, y al final llegó tu discípulo traidor, Judas. ¡Cuánto te dolió aquello!

Fuiste arrestado por el pueblo de aquella nación que Tú mismo habías escogido y exaltado. Tres jueces te juzgaron, falsos testigos te acusaron, cometiendo el acto más injusto de la historia de la humanidad, ¡condenando a muerte a su Autor y Redentor! ¡A aquél que venía a regalarnos la vida eterna!

Y te despojaron de tus vestiduras y te cubrieron los ojos… e inmediatamente aquellos soldados romanos comenzaron a abofetearte, y llenarte de salivazos, y golpes llovieron contra tu delicado cuerpo. Y te retaban a que les dijeras quién era el que te lo hacía. De repente, aquella corona de espinas te la incrustaron mutilando tu cabeza de mala manera; ¡rompiendo carne, venas y nervios! Para contemplar la mofa a tu condición de Rey, te dieron un cetro: una vulgar caña que colocaron en tus sagradas manos.

¡Oh sublime enamorado de nuestras almas!, recuerda también cuando te ataron a la columna. ¡Cómo te flageló aquella gente!… No quedó lugar alguno en tu maravilloso cuerpo que no quedara destrozado bajo los golpes de los látigos. Otro cuerpo humano hubiese muerto con menos golpes… La escena era terrible: ¡huesos y costillas podían verse! ¡Cuánta furia desatada contra el Hombre-Dios!

Oh Jesús mío, en memoria de aquellos crueles tormentos que padeciste por nosotros antes de la crucifixión, concédenos antes de morir un verdadero arrepentimiento de nuestros pecados, que podamos satisfacer por ellos, que hagamos una santa confesión, te recibamos en la Santísima Eucaristía, y así, alimentada nuestra alma, podamos volar hacia Ti.
Así sea.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria)

Segunda Oración

¡Oh salud y alimento de mi alma, libertad verdadera de ángeles y santos!, ¡Paraíso de delicias! Recuerda el horror y la tristeza que sufriste camino al lugar donde te aguardaba una cruz, cuatro clavos y los verdugos cuando toda aquella turba se apretujaba a tu paso, y te golpeaba e insultaba impunemente, haciéndote víctima de las más espantosas crueldades. Pero más te dolía la ingratitud de ellos, que los golpes que te infligían, pues era precisamente por ellos y por todo el género humano, que llevabas aquella Cruz sobre tus hombros destrozados.

Por todos aquellos tormentos y ultrajes, y por las blasfemias proferidas en contra de Ti, te rogamos, ¡Oh dueño de nuestra alma! que nos libres de nuestros enemigos, visibles e invisibles, y que bajo tu protección logremos tal perfección y santidad, que merezcamos entrar contigo en tu Reino. Así sea.

Se reza un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria)

Tercera Oración

¡Oh dueño de nuestra existencia! Tú que siendo el Creador del Universo, del Cielo y de la Tierra, de ángeles y hombres, a quien nada puede abarcar ni limitar y que todo lo envuelves y sostienes con tu amoroso poder, sin embargo, te dejaste matar por tu obra maestra, el hombre, para justificarlo ante Ti mismo.

Recuerda cada dolor sufrido, cada tormento soportado por nuestro amor, cuando los judíos con enormes clavos taladraron tus sagradas manos y pies. ¡Que espantosa escena se produjo cuando con indescriptible crueldad, tu cuerpo tuvo que ser estirado sobre la Cruz para que tus manos y pies llegaran hasta los agujeros previamente abiertos en el madero! ¡Con cuánta furia agrandaron aquellas heridas! ¡Cómo agregaron dolor al dolor, cuando tuvieron que estirar tus sagrados miembros violentamente en todas direcciones! ¡Oh Varón de dolores!

Recuerda cuando tus músculos y tendones eran estirados sin misericordia, y tus venas se rompían, y tu piel virginal se desgarraba horriblemente, y tus huesos eran dislocados.

¡Oh Cordero Divino! en memoria de todo lo ocurrido en la colina del Gólgota, te rogamos nos concedas la gracia de amarte y honrarte cada día más y más. Así sea.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria)

Cuarta Oración

¡Oh divino mártir de amor! ¡Oh médico celestial que te dejaste suspender en la Cruz para que por tus heridas las nuestras fueron curadas! Recuerda cada una de aquellas heridas y la tremenda debilidad de tus miembros, que fueron distendidos hasta tal punto que jamás ha habido dolor semejante al tuyo.

Desde la cabeza a los pies eras todo llaga, todo dolor, todo sufrías; eras una masa rota y sanguinolenta, y aún así llegaste, para sorpresa de tus verdugos, a suplicar a tu Padre, eterno perdón para ellos diciéndole: ¡Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen!

¡Oh Cristo bendito! En memoria de esta gran misericordia que tuviste, que muy bien pudiste lanzar a todo aquel mundo malvado a los abismos infernales con un solo acto de tu poderosa voluntad, por aquella tan grande misericordia que superó a tu justicia divina, concédenos una contrición perfecta y la remisión total de nuestros pecados, desde el primero hasta el último, y que jamás volvamos a ofenderte. Así sea.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria)

Quinta Oración

¡Oh Jesús, Oh esplendor de la eternidad! Recuerda cuando contemplaste en la Luz de tu Divinidad, las almas de los predestinados que serían rescatados por los méritos de tu Sagrada Pasión, también viste aquella tremenda multitud que sería condenada por sus pecados. ¡Cuánto te quejaste por ellos!

Te compadeciste, oh buen Jesús, hasta de aquellos réprobos, de aquellos desafortunados pecadores que no se lavarían con tu sangre, ni se alimentarían con tu Carne Eucarística.

Por tu infinita compasión y piedad, y acordándote de tu promesa al buen ladrón arrepentido, al decirle que aquel mismo día estaría contigo en el Paraíso, ¡Oh salud y alimento de nuestra alma! muéstranos esta misma misericordia en la hora de nuestra muerte. Así sea.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria)

Sexta Oración

¡Oh Rey muy amado y deseado por mi corazón ¡ acordaos del dolor que sufriste, cuando desnudo y como un criminal común y corriente, fuiste clavado y elevado en la Cruz. Cómo te dolió el ver que tus familiares y amigos desertaran.

Pero allí estaba tu muy amada Madre y tu discípulo Juan, que permanecieron contigo hasta tu último suspiro. No importando que su naturaleza humana, desmayando estaba, y para colmo de tu inmenso amor por nosotros, nos hiciste aquel precioso regalo: ¡nos diste a María como Madre! ¡Cuánto te debemos Salvador nuestro, por este sublime regalo! Sólo tuviste que decir a María: “¡Mujer, he aquí a tu hijo!” y a Juan: “!He aquí a tu Madre!”

¡Te suplicamos, oh Rey de la Gloria! por la espada de dolor que entonces atravesó el alma de tu Santísima e Inmaculada Madre, que te compadezcas de nosotros en todas nuestras aflicciones y tribulaciones tanto corporal como espiritual, y que nos asistas en cada prueba, especialmente en la hora de nuestra muerte. Así sea.

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria)

Séptima Oración

¡Oh Rey de Reyes! ¡Fuente de compasión que jamás se agota! Recuerda cuando sentiste aquella tremenda sed por las almas y que te llevó a exclamar desde la Cruz: “¡Tengo Sed!” Sí, no solamente tenías sed física, sino sed insaciable por la salvación de la raza humana.

Por este gesto de amor por nosotros, te rogamos, oh prisionero de nuestro amor, que inflames nuestros corazones con el deseo de tender siempre hacia la perfección en todos nuestros actos, que extingas en nosotros la concupiscencia de la carne y los deseos de placeres mundanos. Así sea

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria

Octava Oración

¡Oh constante dulzura nuestra! ¡Oh deleite diario de nuestro espíritu! Por el sabor tan amargo de aquella hiel

Rezar un Padre Nuestro, un Ave María y un Gloria

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Santa Rita

La santa de los imposibles.

Esta gran santa fue esposa, madre y religiosa, que siempre deseó para ella una vida religiosa como monja, pero sus padres la casaron a los 14 años.

Durante su matrimonio Rita sufrió mucho porque recibía numerosos maltratos. Tuvo dos hijos.

Tanto su esposo como sus hijos fallecieron y entonces Rita, ingresó al convento de las agustinas en Cascia,  donde observó una vida penitente y de mucha oración.

Su vida religiosa

Siendo parte de las hermanas agustinas, Santa Rita recibió de manos de Cristo los estigmas y las marcas de la Corona de Espinas en su cabeza.

Santa Rita pudo sanar se de las heridas que le quedaron pero pasó los últimos años de su vida, luchando contra las infecciones en la sangre.

Además, durante cuatro años tuvo que quedarse inmóvil en la cama, a causa de una grave enfermedad, que la hizo padecer muchos dolores.

El símbolo de Santa Rita

Durante su tiempo de casada, su marido le prohibió salir a darle de comer a los pobres.

Un día cuando salía de su casa con pan bajo sus ropas, fue interceptada por su marido, quien le quitó el vestido.

Pero en vez de encontrar el pan, encontró rosas. Se había producido un milagro.

El final de su vida

Cuando fue su prima a visitarla, le pidió que le llevara una rosa del jardín del convento, en pleno invierno.

Sorprendentemente,  su prima encontró un pimpollo y se lo llevó, representando el amor de Cristo hacia la santa y su capacidad de interceder por causas imposibles.

Producida su muerte, Santa Rita no fue enterada, su cuerpo incorruptible se conserva como reliquia.

Fue canonizada en el año 1900, por el papa León XIII.

Su fiesta se celebra el 22 de  mayo.

ORACIÓN A SANTA RITA

¡Pura y humilde Santa Rita! Te elevo mi plegaria,

con la confianza de que siendo tu la Mediadora de los imposibles, me obtendrás del Señor la gracia que te pido.

En ti me recuesto, en este momento difícil que estoy pasando,

porque sé que encontraré en ti, alivio y consuelo.

Ruega por mí, amada Santa Rita.

Amén.

Medalla de Santa Rita de Casia