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Santo Domingo de Silos

El gran liberador de cristianos prisioneros.

Santo Domingo de Silos fue un monje benedictino que vivió en el siglo XI.

Este santo pudo liberar a más de 300 cristianos prisioneros de los musulmanes que eran sometidos a la esclavitud.

El gran organizador.

Si algo caracterizaba a Santo Domingo, era su capacidad organizativa, que le permitió recuperar el Monasterio de Silos, al que dotó de una de las bibliotecas más completas de esa época.

La aparición a la madre de Santo Domingo.

A casi un siglo de haber partido a la Casa de Padre, se le manifestó a Juana de Aza, la madre de Santo Domingo de Guzmán, para decirle,  que sería madre de un niño que sería un gran apóstol de Jesucristo.

Su Fiesta.

Santo Domingo de Silos falleció el 20 de diciembre de 1073, fecha en que se celebra su festividad.

ORACIÓN A SANTO DOMINGO DE SILOS.

¡Gran Abad Santo Domingo de Silos! Confiadamente te suplico,

que me ayudes a ser la alegría de Cristo, por medio de una  vida de oración

y por la realización de buenas acciones.

Amén

Santo Domingo de Silos

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Santos

Santo Domingo de Guzmán

El impulsor del Santo Rosario.

Santo Domingo de Guzman es un santo español, que fue presbítero y fundo la Orden de Predicadores, conocida popularmente como la orden de los dominicos.

Su madre le dio el nombre de Domingo, en agradecimiento a los favores recibidos por Santo Domingo de Silos, quien le ayudó a interpretar el sueño del perro con la antorcha. 

Juana de Aza, la madre de Domingo,  antes de que el santo naciera, soñó que un perro salía de su vientre con una antorcha encendida en su boca.

Santo Domingo de Silos, se le apareció y le explicó que su hijo iba a encender el fuego de Jesucristo por todo el mundo, por medio de la predicación.

La aparición de la Virgen.

La Santísima Virgen María se le manifestó a Santo Domingo, en una noche mientras él se encontraba en oración.

La Virgen se le apareció llevando un rosario en la mano y le enseñó a rezarlo.

La Orden de Predicadores.

Santo Domingo fundó en 1216 la Orden de Predicadores, que comenzó con 16 hermanos, a quienes Santo Domingo los formó y luego los enviò a predicar.

Al enviarlos a prediar, les dio don mandatos muy conretos: primero contemplar, y después enseñar; y predicar siempre y en todas partes.  

La festividad.

La fiesta de Santo Domingo de Guzmán se celebra el 8 de agosto.

ORACIÓN A SANTO DOMINGO

¡Oh Gran Santo de la Iglesia! Santo Domingo de Guzmán,

te suplico que me consigas las gracias necesarias,

para ser una persona virtuosa, ardiente de caridad

y plena en la oración.

Amén.

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Devociones Marianas

Nuestra Señora de los Dolores

ORIGEN DE LA DEVOCIÓN

El culto a la Virgen Dolorosa data del siglo XI. La Orden de los frailes de Siervos de María (frailes servitas), fijó como fecha el 15 de septiembre.

Pero también se conmemora a esta advocación, en la semana de la Pasión del Señor.

Figura de la Virgen Dolorosa

Las siete gracias que la Virgen María le dio a Santa Brígida

1.- Pondré paz en sus familias.

2.- Serán iluminados en los Divinos Misterios.

3.- Los consolaré en sus penas y acompañaré en sus trabajos.

4.- Les daré cuanto me pidan, con tal que no se oponga a la voluntad adorable de mi Divino Hijo y a la santificación de sus almas.

5.- Los defenderé en los combates espirituales con el enemigo infernal, y protegeré en todos los instantes de su vida.

6.- Los asistiré visiblemente en el momento de su muerte; verán el rostro de su Madre.

7.- He conseguido de mi Divino Hijo que las almas que propaguen esta devoción a mis lágrimas y dolores sean trasladadas de esta vida terrenal a la felicidad eterna directamente, pues serán borrados todos sus pecados, y mi Hijo y Yo seremos su consolación y alegría.

ORACIONES POR LOS SIETE DOLORES DE LA VIRGEN MARÍA

Primer Dolor:
La profecía de Simeón en la presentación del Niño Jesús

Virgen María: por el dolor que sentiste cuando Simeón te anunció que una espada de dolor atravesaría tu alma, por los sufrimientos de Jesús, y ya en cierto modo te manifestó que tu participación en nuestra redención sería a base de dolor; te acompañamos en este dolor… Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos hijos tuyos y sepamos imitar tus virtudes.

Se reza un Avemaría.

Segundo Dolor:
La huida a Egipto con Jesús y José

Virgen María: por el dolor que sentiste cuando tuviste que huir precipitadamente tan lejos, pasando grandes penalidades, sobre todo al ser tu Hijo tan pequeño; al poco de nacer, ya era perseguido de muerte el que precisamente había venido a traernos vida eterna; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que sepamos huir siempre de las tentaciones del demonio.

Se reza un Avemaría

Tercer Dolor:
La pérdida de Jesús

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al perder a tu Hijo; tres días buscándolo angustiada; pensarías qué le habría podido ocurrir en una edad en que todavía dependía de tu cuidado y de San José; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que los jóvenes no se pierdan por malos caminos.

Se reza un Avemaría

Cuarto Dolor:
El encuentro de Jesús con la cruz a cuestas camino del calvario

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver a tu Hijo cargado con la cruz, como cargado con nuestras culpas, llevando el instrumento de su propio suplicio de muerte; Él, que era creador de la vida, aceptó por nosotros sufrir este desprecio tan grande de ser condenado a muerte y precisamente muerte de cruz, después de haber sido azotado como si fuera un malhechor y, siendo verdadero Rey de reyes, coronado de espinas; ni la mejor corona del mundo hubiera sido suficiente para honrarle y ceñírsela en su frente; en cambio, le dieron lo peor del mundo clavándole las espinas en la frente y, aunque le ocasionarían un gran dolor físico, aún mayor sería el dolor espiritual por ser una burla y una humillación tan grande; sufrió y se humilló hasta lo indecible, para levantarnos a nosotros del pecado; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, haz que seamos dignos vasallos de tan gran Rey y sepamos ser humildes como Él lo fue.

Se reza un Avemaría

Quinto Dolor:
La crucifixión y la agonía de Jesús

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la crueldad de clavar los clavos en las manos y pies de tu amadísimo Hijo, y luego al verle agonizando en la cruz; para darnos vida a nosotros, llevó su pasión hasta la muerte, y éste era el momento cumbre de su pasión; Tú misma también te sentirías morir de dolor en aquel momento; te acompañamos en este dolor. Y, por los méritos del mismo, no permitas que jamás muramos por el pecado y haz que podamos recibir los frutos de la redención.

Se reza un Avemaría

Sexto Dolor:
La lanzada y el recibir en brazos a Jesús ya muerto

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al ver la lanzada que dieron en el corazón de tu Hijo; sentirías como si la hubieran dado en tu propio corazón; el Corazón Divino, símbolo del gran amor que Jesús tuvo ya no solamente a Ti como Madre, sino también a nosotros por quienes dio la vida; y Tú, que habías tenido en tus brazos a tu Hijo sonriente y lleno de bondad, ahora te lo devolvían muerto, víctima de la maldad de algunos hombres y también víctima de nuestros pecados; te acompañamos en este dolor… Y, por los méritos del mismo, haz que sepamos amar a Jesús como El nos amo.

Se reza un Avemaría

Séptimo Dolor:
El entierro de Jesús y la soledad de María

Virgen María: por las lágrimas que derramaste y el dolor que sentiste al enterrar a tu Hijo; El, que era creador, dueño y señor de todo el universo, era enterrado en tierra; llevó su humillación hasta el último momento; y aunque Tú supieras que al tercer día resucitaría, el trance de la muerte era real; te quitaron a Jesús por la muerte más injusta que se haya podido dar en todo el mundo en todos los siglos; siendo la suprema inocencia y la bondad infinita, fue torturado y muerto con la muerte más ignominiosa; tan caro pagó nuestro rescate por nuestros pecados; y Tú, Madre nuestra adoptiva le acompañaste en todos sus sufrimientos: y ahora te quedaste sola, llena de aflicción; te acompañamos en este dolor . . . Y, por los méritos del mismo, concédenos a cada uno de nosotros la gracia particular que te pedimos…

Se reza un Avemaría

Oración Final

Te suplicamos Señor Jesucristo, que ante tu clemencia interceda por nosotros,

la Bienaventurada Virgen María, cuya alma fue traspasada, por una espada de dolor, en la hora de tu Pasión.

Te lo pedimos a Ti, quien vive y reinas en unidad con el Padre y el Espíritu Santo, por los siglos de los siglos.

Amén