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San Alfonso María de Ligorio

Patrono de los Confesores y los Abogados Católicos.

San Alfonso es un santo italiano de la Iglesia Católica, que vivió principalmente durante el siglo XVIII.

Nació en Nápoles y estudió de derecho en la Universidad de Nápoles, destacándose como un gran estudiante, lo que le permitió obtener a los 16 años el grado de doctor en derecho civil y en derecho canónico.

Su desencanto con la profesión de abogado.

A pesar de tener éxito en el ejercicio de la profesión de abogado,  terminó desencantado de ella.

En esa época había corrupción en los procesos y en el foro tribunalicio.

Por lo tanto, decidió abandonar la profesión para ser sacerdote. Luego de ser ordenado, fundó el 9 de noviembre de 1732 la Congregación del Santísimo Redentor, en la actualidad conocida como la orden de los Redentoristas.

San Alfonso se opuso a los formalismos y rigorismos carentes de sentido, que en su opinión “cerraban a la gente los caminos del Evangelio”.

Su labor como obispo.

En 1762 el Papa lo nombró obispo de Santa Agueda y permaneció al frente de la diócesis por 13 años donde predicó el Evangelio.

Su labor como obispo se destacó por la formación de grupos de misioneros y por dar catequesis a los más pobres y necesitados.

Además, San Alfonso fue un escritor muy prolífico, alcanzando los 111 títulos, lo que le valió se declarado Doctor de la Iglesia Católica.

Expulsado de la orden religiosa, que el fundó.

El santo luchó sin éxito para que el Vaticano, aprobara la regla de su orden religiosa.

Además su salud, no lo acompañaba al punto de quedar casi ciego, lo que le dificultaba dirigir su orden.

En ese estado, firmó un documento de gran importancia, sin haberlo leído debidamente.

Por eso, terminó siendo expulsado de la orden que él mismo había fundado, por decisión del Papa Pío VI en el año 1780.

El santo nunca cuestionó esa decisión y murió el 1 de agosto de 1787, a los 90 años.

Después de su muerte, los redentoristas obtuvieron el reconocimiento pleno y se expandieron por distintos países del mundo.

Su Festividad

Se celebra cada 1 de agosto.

Oración de San Alfonso María de Ligorio

Señor mío Jesucristo, que por amor a los hombre estás noche y día en este sacramento, lleno de piedad y de amor, esperando, llamando y recibiendo a cuantos vienen a visitarte: creo que estás presente en el sacramento del altar.

Te adoro desde el abismo de mi nada y te doy gracias por todas las mercedes que me has hecho, y especialmente por haberte dado tu mismo en este sacramento, por haberme concedido por mi abogada a tu amantísima Madre y haberme llamado a visitarte en este iglesia.

Adoro ahora a tu Santísimo corazón y deseo adorarlo por tres fines: el primero, en acción de gracias por este insigne beneficio; en segundo lugar, para resarcirte de todas las injurias que recibes de tus enemigos en este sacramento; y finalmente, deseando adorarte con esta visita en todos los lugares de la tierra donde estás sacramentado con menos culto y abandono.

Amén.

 

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San Ambrosio de Milán

Obispo y Doctor de la Iglesia.

San Ambrosio de Milán fue un gran obispo de la Iglesia, que se destacó por la gran elocuencia en sus sermones, a tal punto que su prédica posibilito la conversión de San Agustín.

El gran obispo de Milán tenía una hermana que era mayor que él y que también fue canonizada: Santa Marcelina.

Un gran teólogo.

Ambrosio tenía un gran dominio del griego y se dedicó a estudiar profundamente el Antiguo Testamento.

El santo se dedicó a refutar a los arrianos y además compuso cantos y los enseñaba al pueblo.

También escribió bellos libros donde explicaba la Biblia y enseñó métodos prácticos para progresar en la santidad.

San Ambrosio puso los cimientos de la himnología cristiana.

Un obispo lleno de caridad.

El obispo Ambrosio tenía un estilo de vida ascético, que lo llevó a repartir su dinero a los pobres, lo que contribuyó para que tuviera una gran popularidad.

Donó toda su tierra, solamente reservó lo necesario para asistir a su hermana Marcellina que eras monja.

Su Festividad.

La Iglesia Católica conmemora a San Ambrosio, cada 7 de diciembre, fecha en que fue consagrado como obispo.

San Ambrosio falleció a los 57 años, el 4 de abril de 397, que ese año fue un viernes santo.

Fragmento de un Sermón de San Ambrosio.

¿Quién hay de vosotros que, teniendo cien ovejas y habiendo perdido una de ellas, no deje las noventa y nueve en la dehesa, y no vaya en busca de la que se perdió, hasta encontrarla? (Lc 15, 4).

Un poco más arriba has aprendido cómo es necesario desterrar la negligencia, evitar la arrogancia, y también a adquirir la devoción y a no entregarte a los quehaceres de este mundo, ni anteponer los bienes caducos a los que no tienen fin; pero, puesto que la fragilidad humana no puede conservarse en línea recta en medio de un mundo tan corrompido, ese buen médico te ha proporcionado los remedios, aun contra el error, y ese juez misericordioso te ha ofrecido la esperanza del perdón.

Y así, no sin razón, San Lucas ha narrado por orden tres parábolas: la de la oveja perdida y luego hallada, la de la dracma que se había extraviado y fue encontrada, y la del hijo que había muerto y volvió a la vida; y todo esto para que, aleccionados con este triple remedio, podamos curar nuestras heridas, pues una cuerda de tres hilos no es fácil de romper (Qoh 4, 12).

¿Quién es este padre, ese pastor y esa mujer? ¿Acaso no representan a Dios Padre, a Cristo y a la Iglesia?

Cristo te lleva sobre sus hombros, te busca la Iglesia y te recibe el Padre.

Uno porque es Pastor, no cesa de llevarte; la otra, como Madre, sin cesar te busca, y entonces el Padre vuelve a vestirte.

El primero, por obra de su misericordia; la segunda, cuidándote; y el tercero, reconciliándote con Él.

A cada uno de ellos le cuadra perfectamente una de esas cualidades: el Redentor viene a salvar, la Iglesia asiste y el Padre reconcilia.

En todo actuar divino está presente la misma misericordia, aunque la gracia varía según nuestros méritos.

El pastor llama a la oveja cansada, se encuentra la dracma que se había perdido, y el hijo, por sus propios pasos, vuelve al padre y lo hace plenamente arrepentido del error que lo acusa sin cesar.

Y por eso, con toda justicia, se ha escrito: Tú, Señor, salvarás a los hombres y a los animales (Sal 35, 7). ¿Y quiénes son estos animales?

El profeta dijo que la simiente de Israel era una simiente de hombre y la de Judá una simiente de animales (cfr. Jer 31, 27).

Por eso Israel es salvada como un hombre y Judá recogida como una oveja.

Por lo que a mí se refiere, prefiero ser hijo antes que oveja, pues aunque ésta es solícitamente buscada por el pastor, el hijo recibe el homenaje de su padre.

Regocijémonos, pues, ya que aquella oveja que había perecido en Adán fue salvada por Cristo.

Los hombros de Cristo son los brazos de la Cruz. En ella deposité mis pecados, y sobre la nobleza de este patíbulo he descansado.

Esta oveja es una en cuanto al género, pero no en cuanto a la especie: pues todos nosotros formamos un solo cuerpo (1Cor 10, 17), aunque somos muchos miembros, y por eso está escrito: vosotros sois el Cuerpo de Cristo, y miembros de sus miembros (1Cor 12, 27).

Pues el Hijo del hombre vino a salvar lo que había perecido (Lc 19, 10), es decir, a todos, puesto que lo mismo que en Adán todos murieron, asÍ en Cristo todos serán vivificados (1Cor 15, 22).

Se trata, pues, de un rico pastor de cuyos dominios nosotros no formamos más que una centésima parte.

Él tiene innumerables rebaños de ángeles, arcángeles, dominaciones, potestades, tronos (cfr. Col 1, 16) y otros más a los que ha dejado en el monte, quienes—por ser racionales—no sin motivo se alegran de la redención de los hombres.

Además, el que cada uno considere que su conversión proporcionará una gran alegría a los coros de los ángeles, que unas veces tienen el deber de ejercer su patrocinio y otras el de apartar del pecado, es ciertamente de gran provecho para adelantar en el bien. Esfuérzate, pues, en ser una alegría para esos ángeles a los que llenas de gozo por medio de tu conversión.

No sin razón se alegra también aquella mujer que encontró la dracma (cfr. Lc 15, 8-10). Y esta dracma, que lleva impresa la figura del príncipe, no es algo que tenga poco valor.

Por eso, toda la riqueza de la Iglesia consiste en poseer la imagen del Rey.

Nosotros somos sus ovejas; oremos, pues, para que se digne colocarnos sobre el agua que vivifica (cfr. Sal 22, 2).

He dicho que somos ovejas: pidamos, por tanto, el pasto; y, ya que somos hijos, corramos hacia el Padre.

No temamos haber despilfarrado el patrimonio de la dignidad espiritual en placeres terrenales (cfr. Lc 15, 11-32).

El Padre vuelve a dar al hijo el tesoro que antes poseía, el tesoro de la fe, que nunca disminuye; pues, aunque lo hubiese dado todo, el que no perdió lo que había recibido, lo tiene todo.

Y no temas que no te vaya a recibir, porque Dios no se alegra de la perdición de los vivos (Sab 1, 13).

En verdad, saldrá corriendo a tu encuentro y se arrojará a tu cuello—pues el Señor es quien levanta los corazones (Sal 145, 8)—, te dará un beso, que es la señal de la ternura y del amor, y mandará que te pongan el vestido, el anillo y las sandalias.

Tú todavía temes por la afrenta que le has causado, pero El te devuelve tu dignidad perdida; tú tienes miedo al castigo, y Él, sin embargo, te besa; tú temes, en fin, el reproche, pero Él te agasaja con un banquete.

(Tratado sobre el Evangelio de San Lucas, VII, 207-212) /Lc/15/01-32)

Discusión entre San Ambrosio y San Agustín

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San Agustín Doctor de la Iglesia

Patrono de los que buscan a Dios.

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Es una conocida expresión del Santo de Hipona.

San Agustín es el máximo exponente de la Patrística, que dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología.

Un jóven que no podía dominar sus pasiones.

El jóven Agustín estudió letras y era un genio de la retórica, que gustaba de recibir halagos y se dejaba llevar por sus impulsos, lo que lo llevó a cometer varios pecados contra la castidad.

A la vez, era un buscador incansable de la verdad, que lo llevó a dedicarse al estudio de la filosofía.

En el año 383 viajó hacia Roma, donde fue nombrado magíster en retórica.

Luego concurriò a Milan donde mantenìa intensos debates con el obispo San Ambrosio de Milán.

La Conversión.

Estando en Miñán comenzó a asistir a la catequesis que del obispo San Ambrosio.

Esto desató una gran lucha interior en Agustín, que culminó con su conversión.

Su conversión se produjo en 386, la cual se consolidó cuando recibiò el bautismo el 24 de abril del año 387, que es la fecha donde la familia agustiniana celebra la conversión de San Agustín.

San Agustín Obispo

San Agustín fue consagrado obispo en 395 y a partí de allí comenzó una actividad pastoral intensa.

Luego de ser consagrado obispo, se instaló en la casa episcopal de Hipona, que la transformó en un hogar de clérigos.

Desde la cátedra defendió intensamente la doctrina cristiana y luchó contra las herejìas.

San Agustín escribió una enorme cantidad de obras, entre las cuales se destacan las autobiográficas Confesiones y la Ciudad de Dios.

Su fiesta.

La festividad de San Agustín se celebra cada 28 de agosto, en coincidencia con la de su fallecimiento que fue el 28 de agosto de 430. El santo falleció a los 75 años.

LA INVOCACIÓN AL SEÑOR DE SAN AGUSTÍN.

Grande eres, Señor, y muy digno de alabanza1; grande tu poder, y tu sabiduría no tiene medida2. ¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre, que, revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que resistes a los soberbios?3 Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.

Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte. Mas ¿quién habrá que te invoque si antes no te conoce? Porque, no conociéndote, fácilmente podrá invocar una cosa por otra. ¿Acaso, más bien, no habrás de ser invocado para ser conocido? Pero ¿y cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán si no se les predica?4

Ciertamente, alabarán al Señor los que le buscan5, porque los que le buscan le hallan y los que le hallan le alabarán.

Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti, pues me has sido predicado. Te invoca, Señor, mi fe, la fe que tú me diste e inspiraste por la humanidad de tu Hijo y el ministerio de tu mensajero. (CONFESIONES 1.1)

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San Antonio de Padua

El predicador incansable.

San Antonio de Padua fue un santo franciscano contemporáneo a San Francisco de Asís, que nació en Portugal.

Por sus grandes cualidades como predicador el Papa Gregorio IX, lo llamó: Arca del Testamento y además, recibió una carta del gran San Francisco de Asís donde le encargó que predique y les enseñe teología a los frailes.

Sus sermones convocantes.

A San Antonio lo seguía mucha gentes, que asistía para escuchar sus sermones y además quería tocar su hábito.

Por eso tenía que estar acompañado por un grupo de hombres,  que lo protegía cuando iba a predicar.

San Antonio y los animales.

Una vez, cuando San Antonio fue a predicar a un pueblo cercano a  de Padua, se encontró con que la gente del lugar de burlaba de él.

Entonces se acercó al río y comenzó a predicar a los peces, hablándoles de todos los bienes que Dios les había concedido: cómo los había creado, cómo les había dado la pureza de las aguas, cuánta libertad les había dado y cómo los alimentaba sin que tuvieran que trabajar.
Los peces comenzaron a acercarse y amontonarse cerca del santo sacando fuera sus cabezas, abriendo sus bocas, y mirando al Santo. Ninguno se movió hasta que San Antonio finalizó su prédica.

Después de recibir la bendición, los peces se fueron dando grandes saltos sobre el el agua.

En otra oportunidad, San Antonio discutió con un hombre que negaba que Jesucristo estaba en le Eucaristía.

Entonces pusieron a ayunar a una mula tres días. Al finalizar el ayuno, la mula fue llevada al templo, donde había heno para que se alimentara.

Pero la mula se dirigió adonde estaba el Santo, junto al Santísimo y se inclinó, quedando impresionados todos los presentes con lo sucedido.

La visita del Niño Jesús.

A pocas semanas de partir hacia la Casa del Padre, estando San Antonio orando y meditando en una cabaña, se le aparece el Niño Jesús.

El Niño lucía sonriente y luminoso y San Antonio lo tomó entre sus brazos.

Su Festividad.

San Antonio de Padua falleció el 13 de junio de 1231 a los treinta y cinco años, fecha en que se celebra su festividad.

ORACIÓN A SAN ANTONIO DE PADUA.

Venerado San Antonio que tuviste la dicha de recibir la visita del Divino Niño Jesús quien dejó que lo tomaras entre tus brazos.

Por ese especial don y por la alegría de tu beatifica visión, que ahora le tienes, te ruego, te suplico y te imploro, amdo San Antonio, que me ayudes en mis aflicciones, problemas y ansiedades.

Dejame entrar a tu corazón, porque deseo que intercedas por mí, para escucharme y responderme.

Aboga ante el Señor por mis deseos y necesidades.

Te doy gracias, mi querido Santo.

Amén.

Medalla de San Antonio de Padua

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El Santo Cura de Ars

El patrono de los párrocos.

Juan Bautista María Vianney es popularmente conocido como el Santo Cura de Ars.

Ars es un pueblo de Francia, donde San Juan María ejereció su ministerio sacerdotal como párroco.

Un sacerdote con conocimientos limitados.

San Juan María fue ordenado sacerdote el 13 de agosto de 1815, a pesar de las dificultades que tuvo durante sus estudios.

En el seminario tuvo como compañero a San Marcelino José María Champagnat.

El santo tenía una inteligencia mediana, pero a la vez una profunda espiritualidad.

Por eso fue enviado a ejercer su ministerio, a un pueblito cercano a Lyon, llamado Ars.

En Ars, San Juan María terminó siendo designado párroco.

El párroco conocido en toda Francia.

El Santo Cura de Ars, se hizo famoso por su especial dedicación al Sacramento de la Reconciliación, al que le llegó a dedicar hasta 18 horas al día.

No solamente confesaba a feligreses, sino también a obispos, sacerdotes y religiosos.

Su Fiesta

San Juan María Vianney parió a la casa del Padre el 4 de agosto de 1859, fecha en que se celebra su festividad.

Fue canonizado en 1925 por el Papa Pío XI.

ORACIÓN DE SAN JUAN MARÍA DE VIANNEY

“Te amo, Oh mi Dios.
Mi único deseo es amarte
Hasta el último suspiro de mi vida.
Te amo, Oh infinitamente amoroso Dios,
Y prefiero morir amándote que vivir un instante sin Ti.
Te amo, oh mi Dios, y mi único temor es ir al infierno
Porque ahí nunca tendría la dulce consolación de tu amor,
Oh mi Dios,
si mi lengua no puede decir
cada instante que te amo,
por lo menos quiero
que mi corazón lo repita cada vez que respiro.
Ah, dame la gracia de sufrir mientras que te amo,
Y de amarte mientras que sufro,
y el día que me muera
No solo amarte pero sentir que te amo.
Te suplico que mientras más cerca estés de mi hora
Final aumentes y perfecciones mi amor por Ti.
Amén”.

Homilías de San Juan María Vianney I

Homilías de San Juan María Vianney II

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San Andrés

El primer apóstol de Jesucristo.

San Andrés era el hermano mayor de San Pedro y también era pescador.

Este apóstol fue primero discípulo de San Juan Bautista y luego siguió a Jesucristo y quien por medio de él, conoce a San Pedro.

San Andrés es el fundador de la Iglesia en Constantinopla (actual Estambul, Turquía) y fue crucificado en Grecia en ciudad de Patras.

La tradición dice que su crucifixión fue realizada en una cruz que tenìa forma de “X”.

El santo es el patrono de la Iglesia Ortodoxa.

Las reliquias

Las reliquias del apóstol San Andrés se encuentran en dos santuarios.

Una parte se encuentra en la Catedral de San Andrés Apóstol en la ciudad de Amalfi, Italia.

La otra parte está en la Catedral de San Andrés en Patras, Grecia.

Festividad

La fiesta de San Andrés Apóstol se celebra el 30 de noviembre.

ORACIÓN AL APÓSTOL SAN ANDRÉS

¡Glorioso Apósto San Andrés! Te elevo confiado mi plegaria.

Te ruego que seas mi mediador ante el Señor,

para que me ayude en todas mis necesidades,

y también me conceda la gracia

de la perseverancia final.

Amén.

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Santa Águeda

Protectora de las mujeres con males en los senos.

Águeda de Catania es una santa del siglo III, que murió martirizada, al arrojarla sobre carbones al rojo vivo.

La santa le tocó vivir en un tiempo de persecuciones a los cristianos, no obstante consagró su virginidad a Jesucristo.

El proconsul de Sicilia Quitianus quiso enamorar a Águeda, pero ella se mantuvo firme, proclamando que ella consagró su virginidad a Jesucristo.

Los tormentos

El proconsul enfadado por el rechazo de Águeda decidió enviarla a un prostíbulo pero Águeda por milagro pudo conservar su virginidad.

Al enterarse de esto, el proconsul ordena que le corten los senos.

Luego tuvo una visión del Apóstol San Pedro quien curó de sus heridas.

Ante esto y continuando con su proclamación de su Fe cristiana, el procónsul ordenó su martirio.

Su fiesta se celebra cada 5 de febrero.

ORACIÓN A SANTA ÁGUEDA PARA TENER SALUD EN LOS SENOS

¡Oh Santa Águeda joven mártir de nuestra Iglesia,                               te invoco porque sé que eres una especial intercesora de las mujeres que padecen enfermedades en sus senos.

Te ruego que conserves la salud en los míos                                         y ayuda a aquellas mujeres que sufren alguna enfermedad en sus senos.

Que en ti encuentren consuelo espiritual, aquellas mujeres                  que luchan contra males en sus senos, como también te ruego les consigas la cura de esos males que la aquejan.

Gracias por escuchar mi súplica amada Santa Águeda,                      ruega para que también pueda merecer estar junto a ti en el Paraíso,   en la gloria alabando eternamente a Jesucristo, Nuestro Señor.

Amén

Imagen de Santa Águeda Pintada a Mano