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San Marcelino Champagnat

El fundador de los Hermanos Maristas.

San Marcelino es un santo nació el mismo año de la Revolución Francesa, que creció sin ir a la escuela.

Sin embargo, pudo formarse gracias a la lectura hogareña.

Marcelino ingresa al seminario en 1805, donde fue compañero de San Juan Maria Vianney. Ambos tuvieron dificultades durante sus estudios.

Expulsado del seminario.

A San Marcelino le costó mucho, encontrar el sentido de su vida y también tuvo dificultades para aprender las asignaturas que tenía.

Por eso, fue expulsado del seminario. Pero como tenía buena conducta y por el pedido de unos amigos, fue reincorporado.

Su conversión.

Llegó a los 21 años, después de pasar cinco años en el seminario y luego de la muerte de su madre.

San Marcelino fue ordenado sacerdote en 1816.

Al poco tiempo, sintió la vocación de de fundar una comunidad religiosa dedicada a enseñar catecismo.

Nace la Comunidad de Hermanos Maristas.

La Congregación de los Hermanos Maristas fue fundada el 2 de enero de 1817.

San Marcelino se dedica intensamente a formar a los hermanos tanto en lo religioso como en lo educativo.

Un innovador en lo educativo.

San Marcelino adoptó el método simultáneo-mutuo de enseñanza, método por medio del cual el docente, pasa a ocupar el rol de quien supervisa un sistema de hay los alumnos monitores (los más adelantados en sus estudios), son los que enseñan a sus compañeros los conocimientos adquiridos previamente.

También incorporó el método de lectura fonético-silábico, remplazando el clásico deletreo.

Además, introdujo la enseñanza del canto en la escuela, la educación física, la teneduría de libros y la agrimensura.

Asimismo, introdugo  el catecismo mariano y prohibió todo castigo físico.

Dejó como legado su frase: “Para educar hay que amar“, que epasó el lema de los Hermanos Maristas.

Su fiesta

La Iglesia celebra la fiesta de San Marcelino cada 6 de junio.

Fue canonizado en 1999 por San Juan Pablo II.

ORACIÓN A SAN MARCELINO

¡Amado San Marcelino! Ayúdame a tener una vida de conversión permanente, para ser una persona devota y ejemplar.

Ayúdame a ser generoso con prójimo, un ejemplo para los jóvenes  y un fiel seguidor de Jesucristo, Nuestro Señor.

Amén.

Marcelino Champagnat, un corazón para los jóvenes