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San Juan de la Cruz

El gran poeta místico.

San Juan de la Cruz es Doctor de la Iglesia y junto a Santa Teresa de Jesús fundó la Orden de los Carmelitas Descalzos.

Su nombre de nacimiento era Juan de Yepes Álvarez y a los veintiún años ingresó a la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

El primer nombre que tuvo como fraile carmelita fue Juan de San Matías.

Su insatisfacción con la vida religiosa que llevaba

Juan no estaba a gusto con la experiencia contemplativa que tenía y conoció a Santa Teresa de Jesús.

La santa lo convenció sobre la necesidad de encarar una reforma de la orden carmelita y la acompañó en la fundación de las carmelitas descalzas.

Posteriormente funda la orden de carmelitas descalzos masculina y adopta el nombre de Juan de la Cruz.

Persecución y Encarcelamiento

Las reformas que promovió San Juan de la Cruz,  provocaron conflictos de jurisdicción entre los carmelitas calzados y los descalzos.

Por eso es encarcelado y llevado al convento de frailes calzados donde comparece ante un tribunal, que pretende que se retracte de las reformas promovidas.

El santo se niega y queda en prisión durante ocho meses en el convento.

Con la ayuda de un carcelero, logra fugarse y se refugia en el convento de carmelitas descalzas de Toledo.

Su Fiesta

Se celebra cada 14 de diciembre

Poema de San Juan de la Cruz

(Fragmento del Cántico Espiritual)

Esposa:

¿Adónde te escondiste,
amado, y me dejaste con gemido?
Como el ciervo huiste,
habiéndome herido;
salí tras ti, clamando, y eras ido.

Pastores, los que fuerdes
allá, por las majadas, al otero,
si por ventura vierdes
aquél que yo más quiero,
decidle que adolezco, peno y muero.

Buscando mis amores,
iré por esos montes y riberas;
ni cogeré las flores,
ni temeré las fieras,
y pasaré los fuertes y fronteras.

(Pregunta a las Criaturas)

¡Oh bosques y espesuras,
plantadas por la mano del amado!
¡Oh prado de verduras,
de flores esmaltado,
decid si por vosotros ha pasado!

(Respuesta de las Criaturas)

Mil gracias derramando,
pasó por estos sotos con presura,
y yéndolos mirando,
con sola su figura
vestidos los dejó de hermosura.

Esposa:

¡Ay, quién podrá sanarme!
Acaba de entregarte ya de vero;
no quieras enviarme
de hoy más ya mensajero,
que no saben decirme lo que quiero.

Y todos cantos vagan,
de ti me van mil gracias refiriendo.
Y todos más me llagan,
y déjame muriendo
un no sé qué que quedan balbuciendo.

Mas ¿cómo perseveras,
oh vida, no viviendo donde vives,
y haciendo, porque mueras,
las flechas que recibes,
de lo que del amado en ti concibes?

¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste?
Y pues me le has robado,
¿por qué así le dejaste,
y no tomas el robo que robaste?

Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacellos,
y véante mis ojos,
pues eres lumbre dellos,
y sólo para ti quiero tenellos.

¡Oh cristalina fuente,
si en esos tus semblantes plateados,
formases de repente
los ojos deseados,
que tengo en mis entrañas dibujados!

¡Apártalos, amado,
que voy de vuelo!