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San Francisco Javier

Patrono de los Misioneros.

Su nombre completo era Francisco Jasso Azpilicueta Atondo y Aznárez, señor del Castillo de Javier, Navarra.

Francisco Javier fue un religioso jesuita, que logró muchas conversiones que logró en el lejano oriente.

Su conversión

El apóstol de las Indias conoció en la universidad a San Ignacio y al escucharlo decidió realizar los ejercicios espirituales.

Esta experiencia fue decisiva para su conversión y produjo su ingreso a los jesuitas en 1534.

Un misionero incansable

Su primer destino misionero fue Mozambique, donde ayudó en el hospital y luego partió hacia las Indias.

El santo realizó numerosos viajes hacia las Indias, donde se dedicó: a realizar un intenso trabajo de catequesis, celebrar la santa Misa con los leprosos y enseñar a los esclavos.

También trabajó en la adaptación de las las enseñanzas evangélicas a la música popular.

El celo misionero de San Francisco Javier lo llevó a misionar a China.

En agosto de 1552 llegó a la isla de Shangchuan, China para iniciar su labor misionera y desde allí ir a Japón.

Pero Francisco Javier cae enfermo y partió a la Casa del Padre pronunciando el nombre de Jesús, el 3 de diciembre.

Su festividad

Se celebra cada 3 de diciembre.

Oración a San Francisco Javier por las causas perdidas

¡Oh, gran San Francisco Javier!, bienaventurado y glorioso,
predicador incansable
y prodigioso misionero
que al servicio de Dios Padre
recorriste el mundo entero:
junto a ti adoro la Divina Majestad,
me alegro especialmente por las gracias
que te entregó en vida
y por la gloria que te concedió después de la muerte,
le doy gracias a Dios, y te pido,
con todo el afecto de mi corazón,
que mediante tu poderosa intercesión
puedas concederme, sobre todas las cosas,
la gracia de vivir una vida de Santidad
y una muerte santa.

¡Santo protector de las causas perdidas
glorioso san Francisco Javier!,
tú que nunca te diste por vencido,
te ruego me asistas con tu poder
y me ayudes en esta especial necesidad
que me angustia y considero perdida:

(hacer la petición)

pero si lo que te pido no es para la gloria de Dios
y el bien de mi alma,
te ruego, me otorgues las gracias necesarias
para lograrlo
así como tu perpetua protección,
a fin de que,
animado por tu ejemplo y tu asistencia
pueda vivir santamente
y alcanzar la eterna gloria del Cielo.

Amén.

Rezar nueve Padrenuestros, nueve Avemarías
y nueve Glorias.