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San Francisco de Asís

Patrono de la Ecología.

El amor por la Creación Divina es un rasgo distintivo de este santo,  proclamado por San Juan Pablo II, como patrono de la ecología.

Francisco nació en una familia de muy buen pasar, que no tenía problemas económicos.

Cuando llegó a su juventud, hizo un viaje a Roma y visitó la iglesia de San Pedro.

En ese lugar se encontró con muchos mendigos. A uno de ellos le cambió su ropa fina por la deshilachada ropa del mendigo.

Además, pasó la noche junto a los mendigos hasta el amanecer, lo cual lo llenó de gozo.

La vocación

Después de esa experiencia en Roma regresó a Asís, donde decidió repartir el dinero que gastaba en fiestas y en banquetes.

Pasaron unos días y Francisco volvió a vivir una experiencia que los marcaría. Se encontró con un leproso al que ayudó, luego de tener alguna duda.

Finalmente, iba a ocurrir algo que iba a hacerle cambiar de vida, en forma definitiva.

Francisco estaba rezando en una capilla llamada San Damián, que estaba bastante arruinada,

De pronto, mientras rezaba, escuchó una voz que le dijo: “Francisco; repara mi casa que se está cayendo”.

Luego de tener un enfrentamiento con su padre, que se oponía a la nueva vida que Francisco había decidido tener, comenzó a trabajar para restaurar la iglesia de San Damián.

Comienza la historia de una nueva Orden

Estando en la capilla de Santa María de los Ángeles o la Porciúncula, se dio cuenta que debía predicar y exhortar a los demás a la conversión de los pecadores.

De esta manera, comenzó a recorrer Asís, consiguiendo que muchos cambiaran de vida y se le sumaran jóvenes con deseos de misionar.

Francisco envió algunos frailes a Roma, para que el Papa, le aprobara la regla que él mismo había escrito, pero no les fue aprobada.

El santo viajó en persona para hablar con el pontífice Inocencia III, quien finalmente confirmó su regla y les mandó que guarden penitencia.

Los nuevos clérigos se instalaron en cercanías de la Porciúncula y repartían su tiempo entre la oración y el trabajo.

La orden fue creciendo e inclusive un grupo de muchachas encabezadas por Santa Clara de Asís, fundaron la Orden de las Señoras Pobres (clarisas).

Sus últimos años

En el año 1219 Francisco renunció a la dirección de la Orden Francisca y comenzó a tener una vida más retirada, contemplativa y con experiencias místicas.

En una de sus experiencias místicas, quedaron impresas en su cuerpo las llagas de la Pasión de Cristo.

Luego padeció varias enfermedades, lo que lo llevó a aceptar que lo llevaran a una choza en el huerto de San Damián.

Francisco había quedado casi ciego y cuando le quedaban pocos días de vida, pidió que lo llevaran a la Porciúncula y allí murió.

Antes de partir, les pidió a sus frailes que permanecieran en en el amor a Dios, de la santa pobreza y de la paciencia.

La fiesta de este santo, se celebra el 4 de octubre.

Medalla de San Francisco de Asís

ORACIÓN A SAN FRANCISCO DE ASÍS

Oh! Piadoso San Francisco hoy invoco tu nombre

para pedirte que me acompañes con tu oración en el cielo,

a ti que amaste la Obra Creadora de Dios como ninguno,

te ruego que me consigas del Señor, la gracias necesarias

para tener un espíritu humilde que no deje de maravillarse

con todo lo que el Señor ha Creado y también para comprometerme

con el cuidado de la Obra magnifica del Padre que está en los cielos.

Amén

EL CÁNTICO DE LAS CRIATURAS de San Francisco de Asís

Altísimo, omnipotente, buen Señor,
tuyas son las alabanzas,
la gloria y el honor y toda bendición.
A ti solo, Altísimo, te corresponden
y ningún hombre es digno de pronunciar tu nombre.
Loado seas, mi Señor, con todas tus criaturas,
especialmente el señor hermano sol,
él es el día y por él nos alumbras;
y es bello y radiante con gran esplendor:
de ti. Altísimo, lleva significación.
Loado seas, mi Señor,
por la hermana luna y las estrellas:
en el cielo las has formado
claras y preciosas y bellas.
Loado seas, mi Señor, por el hermano viento,
y por el aire y el nublado y el sereno y todo tiempo,
por el cual a tus criaturas das sustento.
Loado seas, mi Señor, por la hermana agua,
que es muy útil y humilde y preciosa y casta.
Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego,
por el cual alumbras la noche:
y es bello y alegre y robusto y fuerte.
Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la madre tierra,
que nos sustenta y gobierna
y produce distintos frutos
con flores de colores y hierbas.
Loado seas, mi Señor,
por los que perdonan por tu amor
y sufren enfermedad y tribulación.
Bienaventurados aquellos que las sufren en paz,
pues por ti, Altísimo, coronados serán.
Loado seas, mi Señor,
por nuestra hermana la muerte corporal
de la cual ningún hombre vivo puede escapar.
¡Ay de aquellos que morirán en pecado mortal!
Bienaventurados
los que encontrará en tu santísima voluntad,
pues la muerte segunda no les hará mal.
Load y bendecid a mi Señor,
y dadle gracias y servidle con gran humildad.

El mendigo alegre. Historia de san Francisco de Asís