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San Agustín Doctor de la Iglesia

Patrono de los que buscan a Dios.

¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé! Es una conocida expresión del Santo de Hipona.

San Agustín es el máximo exponente de la Patrística, que dedicó gran parte de su vida a escribir sobre filosofía y teología.

Un jóven que no podía dominar sus pasiones.

El jóven Agustín estudió letras y era un genio de la retórica, que gustaba de recibir halagos y se dejaba llevar por sus impulsos, lo que lo llevó a cometer varios pecados contra la castidad.

A la vez, era un buscador incansable de la verdad, que lo llevó a dedicarse al estudio de la filosofía.

En el año 383 viajó hacia Roma, donde fue nombrado magíster en retórica.

Luego concurriò a Milan donde mantenìa intensos debates con el obispo San Ambrosio de Milán.

La Conversión.

Estando en Miñán comenzó a asistir a la catequesis que del obispo San Ambrosio.

Esto desató una gran lucha interior en Agustín, que culminó con su conversión.

Su conversión se produjo en 386, la cual se consolidó cuando recibiò el bautismo el 24 de abril del año 387, que es la fecha donde la familia agustiniana celebra la conversión de San Agustín.

San Agustín Obispo

San Agustín fue consagrado obispo en 395 y a partí de allí comenzó una actividad pastoral intensa.

Luego de ser consagrado obispo, se instaló en la casa episcopal de Hipona, que la transformó en un hogar de clérigos.

Desde la cátedra defendió intensamente la doctrina cristiana y luchó contra las herejìas.

San Agustín escribió una enorme cantidad de obras, entre las cuales se destacan las autobiográficas Confesiones y la Ciudad de Dios.

Su fiesta.

La festividad de San Agustín se celebra cada 28 de agosto, en coincidencia con la de su fallecimiento que fue el 28 de agosto de 430. El santo falleció a los 75 años.

LA INVOCACIÓN AL SEÑOR DE SAN AGUSTÍN.

Grande eres, Señor, y muy digno de alabanza1; grande tu poder, y tu sabiduría no tiene medida2. ¿Y pretende alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación, y precisamente el hombre, que, revestido de su mortalidad, lleva consigo el testimonio de su pecado y el testimonio de que resistes a los soberbios?3 Con todo, quiere alabarte el hombre, pequeña parte de tu creación. Tú mismo le excitas a ello, haciendo que se deleite en alabarte, porque nos has hecho para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.

Dame, Señor, a conocer y entender qué es primero, si invocarte o alabarte, o si es antes conocerte que invocarte. Mas ¿quién habrá que te invoque si antes no te conoce? Porque, no conociéndote, fácilmente podrá invocar una cosa por otra. ¿Acaso, más bien, no habrás de ser invocado para ser conocido? Pero ¿y cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Y cómo creerán si no se les predica?4

Ciertamente, alabarán al Señor los que le buscan5, porque los que le buscan le hallan y los que le hallan le alabarán.

Que yo, Señor, te busque invocándote y te invoque creyendo en ti, pues me has sido predicado. Te invoca, Señor, mi fe, la fe que tú me diste e inspiraste por la humanidad de tu Hijo y el ministerio de tu mensajero. (CONFESIONES 1.1)