Santa Catalina de Siena

Santa Catalina de Siena fue una humilde mujer hija de artesanos, que además era analfabeta pero que llegó a ser Doctora de la Iglesia.

Su nombre de nacimiento fue Catalina Benincasa y fue una terciara dominica que asumió un fuerte compromiso de salvar almas.

La santa nació el 25 de marzo de 1347 y desde los seis años, quiso estar consagrada al Señor.

El ingreso a la Orden Dominica.

Catalina tomó el hábito como terciaria de los dominicos, cuando sólo tenía 18 años y pasaba sus días haciendo ayuno y oración.

Santa Catalina sólo se alimentaba de la Sagrada Eucaristía y fue una gran predicadora de la cruz de Cristo.

Su escasa formación intelectual no le impidió sumergirse en la profundidad de la mística cristiana.

Por eso es reconocida en la Iglesia, como una gran maestra espiritual. 

Su testimonio público.

Luego de tener algunas visiones, Catalina asumió el compromiso de abogar por la paz en Italia y ponerse al servicio de los enfermos.

También recibió los estigmas invisibles, es decir, que sentía el dolor pero las llagas no se podían ver.

La defensora de los Papas.

En aquel tiempo, los papas residían el Avignon, Francia. Santa Catalina fue hasta allí para hablar con Gregorio XI y pedirle que cumpla la promesa hecha a Dios.

La santa sabía de la promesa de regresar a Roma, que había hecho en privado Gregorio XI.

Otra intervención de Santa Catalina, fue con motivo del desconocimiento de algunos cardenales, de la autoridad del Papa Urbano VI.

Esos cardenales pretendían designar a Clemente VII pero Catalina les envió cartas pidiéndoles que reconozcan la autoridad del Papa.

La festividad de Santa Catalica de Siena.

Su fiesta se celebra el 29 de abril, la misma fecha en que falleció a los 33 años.

Fue canonizada en 1461 por el Papa Pío II.

ORACIÓN A SANTA CATALINA DE SIENA.

¡Oh Virtuosa Santa Catalina de Siena! Santa mediadora y conciliadora,

y leal a la autoridad del Papa.

Te ruego que en el cielo intercedas por mí,

para que pueda desarrollar abundantes virtudes evangélicas

y un gran espíritu de servicio al prójimo.

Amén.