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Devociones Marianas

Virgen del Carmen

La flor del Carmelo.

“Cuantos mueran con este hábito se salvarán. He aquí el privilegio que te concedo a ti y a todos los carmelitas” le dijo la Virgen a San Simón Stock, que se le presentó vestida con el hábito carmelita.

El comienzo de la devoción.

La advocación de la Virgen del Carmen toma su nombre en relación al Monte Carmelo, que se encuentra en Israel.

Allí se produjo el milagro del fuego por invocación del profeta Elías, que puso fin a la sequía que aquejaba al pueblo.

Monte Carmelo

En el Siglo XIII, se establecieron un grupo de hombres que se dedicaron a la oración y la penitencia.

De esta manera, nació la Orden de Nuestra Señora del Monte Carmelo.

Los religiosos eligieron establecerse en ese lugar sagrado, donde el profeta Elías le prometió a Dios, que el pueblo abandonaría la idolatría a Baal, si el Señor los libraba de la sequía.

Después de subir Elías varias veces al monte, se la apareció una gran señal “subía desde el mar una nubecita” (1 Rey 18,44), que estos primeros carmelitas interpretaron como un símbolo de la Virgen.

Por  lo tanto, los religiosos comenzaron a propagar la devoción a la Inmaculada Virgen María, como como modelo de oración, de contemplación y de dedicación a Dios.

Las apariciones de la Virgen del Carmen.

En 1246 se le apareció a San Simón Stock y le entregó el escapulario.

En el Siglo XIV, se le apareció al Papa Juan XII y le prometió que quienes cumplieran con los requisitos de la devoción,  la Virgen los ayudará para que se libren cuanto antes de sus penas.

Además, sus almas serán trasladadas sus almas a la bienaventuranza.

Promesas del uso del escapulario.

Los devotos del escapulario, recibirán como favor de la Virgen Santísima, la gracia de la perseverancia en el estado de gracia.

O bien, la gracia del arrepentimiento de los pecados.

ORACIÓN A LA VIRGEN DEL CARMEN

Santísima e inmaculada Virgen del Carmen;
Te ruego te compadezcas de mí, y me ayudes a  encontrar el camino del Señor.

Protégeme bajo tu manto y consígueme la gracia de la perseverancia final.

Amén.

Imagen de la Virgen del Carmen