Catolicismo Social

Catolicismo Social.

El catolicismo social se compone con los principios de la Doctrina Social de la Iglesia, para una sociedad más solidaria y más justa. 

El Papa Leon XIII con la Encíclica Rerum Novarum, dio comienzo al desarrollo de esta doctrina, que ha sido continuada por otros pontífices, donde se destacan las encíclicas de Pío XI, Juan XXIII, Paulo VI y Juan Pablo II. Éste último encargó la realización de un compendio de la Doctrina Social Católica.

Los principios medulares del catolicismo social son los siguientes:

Respeto a la Propiedad Privada

El Papa León XIII, destacó en la encíclica Rerum Novarum, la importancia de la propiedad privada al decir que “Poseer algo propio con exclusión de los demás es un derecho que dio la naturaleza a todo hombre”.

Además indicó que “la propiedad privada es claramente conforme a la naturaleza”.

Por lo tanto, el Pontífice señaló entonces que “Deben las leyes procurar que sean muchísimos en el pueblo propietarios”. 

Por otra parte, Leon XIII pidió: “Que no se abrume la propiedad privada con enormes tributos e impuestos”. 

Porque “Al derecho de propiedad, no puede la autoridad pública abolirlo sino solamente moderar su ejercicio y combinarlo con el bien común”.

En esta misma línea el Papa Juan XXIII dijo en la Encíclica Mater et Magistra que “El derecho de propiedad privada sobre los bienes se basa en el propio derecho natural”. 

Además, Juan XXIII, ratifica lo dicho por León XIII, respecto a que “La propiedad privada sobre los bienes se basa en el propio derecho natural”. 

Y agrega que “La propiedad privada de los bienes materiales contribuye en sumo grado a garantizar y fomentar la vida familiar”.  

El Papa Bueno, además advierte que “La historia y la experiencia demuestran que en los regímenes políticos que no reconocen a los particulares la propiedad, incluida la de los bienes de producción, se viola o suprime totalmente el ejercicio de la libertad humana en las cosas más fundamentales. 

Y al igual que León XIII, también pregona “Que se extienda a todas las clases ciales, el ejercicio de este derecho a la propiedad privada”. 

El Papa Juan Pablo II en la Encíclica Laborum Excercens, establece un principio fundamental, al decir que “La propiedad se adquiere ante todo mediante el trabajo para que ella sirva al trabajo”. 

También señala la importancia que tiene para el ser humano, trabajar en algo propio, cuando dice: “Hay que hacer todo lo posible para que el hombre, incluso dentro de este sistema, pueda conservar la conciencia de trabajar en algo propio”. 

Función social de la propiedad

Pero el respeto a la propiedad privada, no tiene carácter absoluto, dado que la propiedad privada cumple una función social. Por eso Paulo VI, dice en la Encíclica Populorum Progressio: “No hay ninguna razón para reservarse en uso exclusivo, lo que supere la propia necesidad”. 

El Principio de Subsidiariedad

Un principio clave de la Doctrina Social de la Iglesia, es sin dudas el principio de subsidiariedad, ques es desarrollado por el Papa Pío XI, en la Encíclica Quadragessimo Anno.

Pío XI, señala “Conviene que la suprema autoridad del Estado permita resolver a las asociaciones inferiores. aquellos asuntos y cuidados de menor importancia”. 

Por lo tanto, para Pío XI “Mientras más vigorosamente reine, salvado este principio de función subsidiaria, tanto más firme será no sólo la autoridad, sino también la eficacia social y tanto más feliz el estado de la Nación”. 

Pío XI, es claro al decir que “No se puede quitar a los individuos y dar a la comunidad lo que ellos pueden realizar con su propio esfuerzo e industria así tampoco es justo, constituyendo un grande perjuicio y perturbación del recto orden, quitar a las comunidades menores e inferiores lo que ellas pueden hacer y proporcionar y dárselo a una sociedad mayor y más elevada, ya que toda acción de la sociedad debe prestar ayuda a los miembros del cuerpo social, pero no destruirlos y absorberlos”. 

Juan XIII en Mater et Magistra,  ratifica lo dicho por Pío XI, al decir que “El Estado fomenta, estimula, ordena, suple, completa, está fundamentada en el principio de la función subsidiaria”. 

Además, el Pontífice señala que “La experiencia diaria, prueba en efecto, que cuando falta la actividad de la iniciativa particular surge la tiranía política”.

Por eso, respecto del papel de las autoridades dice: “Las autoridades, en principio de la función subsidiaria, tienen que favorecer y auxiliar a la iniciativa privada de tal manera, que sea ésta, en la medida que la realidad permita, la que continúe y concluya el desarrollo económico por ella iniciado”.

Rechazo al Comunismo  

Si bien la Iglesia Católica rechaza tanto al liberalismo como al comunismo, es contudente la cátedra de Pedro, en el rechazo de éste último.

El Papa Pío XI, es firme al decir en  Divini Redemptoris que “El comunismo, además despoja al hombre de su libertad, niegan al individuo, para atribuirlo a la colectividad”. 

Además sostiene, que “El comunismo reconoce a la colectividad el derecho o más un limitado poder arbitrario, para obligar a los individuos al trabajo colectivo, sin atender a su bienestar particular, aun contra su voluntad e incluso con la violencia. Es un sistema subversivo del orden social. 

Por otra parte, el Papa Pío XI advierte: “Los pregoneros del comunismo saben aprovecharse también de los antagonismos de raza, de las divisiones y oposiciones de los diversos sistemas políticos, para infiltrarse en las universidades y corroborar con argumentos pseudocientíficos los principios de su doctrina”.

Respecto de la propaganda comunista señala: “El comunismo tiene una propaganda que dispone de grandes medios económicos, de numerosas organizaciones, de congresos internacionales, de innumerables fuerzas, excelentemente preparadas: propaganda, prensa, hojas sueltas, cine y teatro, radios, escuelas y universidades”.

Un punto importante que Pío XI, invita a considerar es el siguiente: “El comunismo ha cambiado de táctica y procura ahora atraerse las muchedumbres con diversos engaños, ocultando sus verdaderos intentos bajo el rótulo de ideas que son en sí mismas buenas y atrayentes. Procuran infiltrarse insensiblemente en las mismas asociaciones católicas”.

Por lo tanto, Pío XI dice claramente que “El comunismo es intrínsecamente malo”.

También el Papa Juan Pablo II, aportó su mirada crítica respecto de la experiencia socialista: “La experiencia histórica de los países socialistas ha demostrado tristemente, que el colectivismo no acaba con la alienación sino que más bien la incrementa, al añadirle la penuria de las cosas necesarias y ineficacia económica (Centesimus Annus).

El Solidarismo como basamento de la organización política, económica y social.

La solidaridad es un elemento clave para el desarrollo justo de una sociedad.

Por eso el Papa Juan Pablo II, dice: “Reconocer la solidaridad social de la familia humana comporta la responsabilidad de construir sobre aquello que nos une.

Esto significa promover eficazmente y sin excepción alguna, la igual dignidad de todos los seres humanos dotados de determinados derechos fundamentales e inalienables.  (Mensaje Desarrollo y Solidaridad: dos claves para la paz)

La Educación como pilar del desarrollo integral del ser humano 

Un punto fundamental de la Doctrina Social de la Iglesia, es la educación, dado que ésta, es pilar fundamental del desarrollo humano. 

Es el Papa Paulo VI, quien destaca este punto cuando indica en su Encíclica Populorum Progressio: “El desarrollo debe ser integral, es decir, el desarrollo de cada persona y de toda la persona”. 

Para Paulo VI “Un analfabeto es un espíritu subalimentado”. 

Por eso, el Pontífice agregó que “Saber leer y escribir, adquirir una formación profesional, es recobrar la confianza en sí mismo y descubrir que se puede progresar al mismo tiempo que los demás. 

Por último, Paulo VI señala que “La educación básica, es el primer objeto de un plan de desarrollo”.

Economía Solidaria y Participativa

Una economía solidaria debe basarse en la iniciativa privada, en esto es claro Juan XII, en Mater et Magistra cuando dice “Hay que establecer que la economía debe ser obra, ante todo, de la iniciativa privada de los individuos”

Pero Paulo VI advierte en Populorum Progressio que “La sola iniciativa individual y el simple juego de la competencia no serían suficientes para asegurar el éxito del desarrollo.

Por eso Paulo VI, señala que “Los programas son necesarios para «animar, estimular, coordinar, suplir e integrar» la acción de los individuos y de los cuerpos intermedios.

Toca a los poderes públicos escoger y ver el modo de imponer los objetivos que proponerse, las metas que hay que fijar, los medios para llegar a ella, estimulando al mismo tiempo todas las fuerzas agrupadas en esta acción común.

Pero han de tener cuidado de asociar a esta empresa las iniciativas privadas y los cuerpos intermedios. Evitarán así el riesgo de una colectivización integral o de una planificación arbitraria que, al negar la libertad, excluiría el ejercicio de los derechos fundamentales de la persona humana.

Pero el desarrollo de programas, no debe caer en la tecnocracia, por eso Paulo VI dice “La tecnocracia del mañana puede engendrar males, no menos temibles que el liberalismo de ayer”.

Por eso, se tiene que trabajar tanto en el progreso económico como en el progreso social, porque como dijo Paulo VI “El progreso económico en sí mismo es insuficiente y requiere el progreso social”

Solamente trabajando de esta forma, se pueden evitar males del pasado, los cuales denunció con claridad Pío XI, cuando dijo en Quadragessimo Anno “A la libre concurrencia sucede la dictadura económica”.

Además advirtió: “Unos pocos teniendo en sus manos el dinero y dominando sobre él,  se apoderan también de las finanzas y señorean sobre el crédito”.

Por eso denuncia, que “La dictadura económica se ha adueñado del mercado libre”. 

Para no volver a padecer estos males, es necesario el trabajo mancomunado, entre el trabajo y el capital.

Por ello, Juan Pablo II en Laborum Excersens, dice” El trabajo y el capital, son los componentes indispensables del proceso de producción”. 

Por eso, bien señala Juan  XIII Mater et Magistra, que “Al trabajo, de ninguna manera puede considerarse como una mercancía cualquiera”. 

Juan XXIII, entonces propone lo siguiente: “Conviene suavizar el contrato de trabajo con algunos elementos tomados del contrato de sociedad”. 

Pero a todo esto debe conseguirse, respetando el derecho a la iniciativa económica.

Por eso Juan Pablo II, fue un Papa que reivindicó el derecho a la iniciativa económica en “Solicitudo rei socialis”, al decir:  Es reprimido a menudo el derecho de la iniciativa económica.

La negación de tal derecho o su limitación en nombre de una pretendida igualdad de todos en la sociedad, reduce o sin más destruye de hecho el espíritu de iniciativa, es decir, la subjetividad creativa del ciudadano.

En consecuencia, no surge de este modo, no solo una verdadera igualdad, sino una nivelación descendente”. 

Entonces Juan Pablo II advierte que “En lugar de la iniciativa creadora nace la pasividad, la dependencia y la sumisión al aparato burocrático que como único órgano que dispone y decide “aunque no sea poseedor” de la totalidad de los bienes y medios de producción, pone a todos en una posición de dependencia casi absoluta, similar, en el sistema capitalista”. 

Por eso, San Juan Pablo II declara: “El papel fundamental y positivo de la empresa, del mercado, de la propiedad privada, la libre creatividad humana: es positiva”. (Centesismus Annus)

Estos son pilares para lograr el desarrollo económico y social, porque como bien dijo Paulo VI en Populorum Progressio “El desarrollo es el nuevo nombre de la paz”.

Existencia de un buen Sistema de Seguridad Social.

Sobre este punto Juan Pablo II,  dijo que  “Además del salario, aquí entran en juego algunas otras prestaciones sociales que tienen por finalidad, asegurar la vida y la salud de los trabajadores y de su familia: derecho al descanso, derecho a la pensión, seguro de vejez y accidentes laborales. (Laborum Excersens)

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